Manuel Vilas

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Irreconciliables 2015 · IV Edición

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962). Narrador y poeta. Escribe habitualmente en prensa (Abc, Heraldo de Aragón y El Mundo) y en revistas de literatura.
Como poeta ha publicado El Cielo (2000), Resurrección (Premio Internacional Jaime Gil de Biedma 2005), Calor (Premio Fray Luis de León 2008), Amor: poesía reunida 1988-2010 (2010) y  Gran Vilas (Premio Ciudad de Melilla 2012).
Como narrador es autor del libro de relatos Zeta (2002) y de las novelas Magia (2004), España (2008), Aire Nuestro (2009) y El luminoso regalo (2013).

EL ÚLTIMO ELVIS

 

          No fear, no envy, no meanness
                    LIAM CLANCY

 

Respeta siempre la destrucción de las mujeres
y de los hombres que amaron o intentaron, al menos, amar
la vida y esta les quemó o les rompió los huesos de la cara,
las entrañas y las venas y el hígado y el buen corazón,
respeta todos los sagrados y los más humildes hundimientos
de los seres humanos.
Respeta a quienes se suicidaron.
Respeta a quienes se arrojaron a los océanos.
No hables mal de ellos, te lo ruego, te lo pido de rodillas.
Ama a toda esa gente, esa muchedumbre, ese río amarillo
de la Historia de todos cuantos perdieron tan injustamente,
o tan justamente,
da igual.
Gente que aceleró en una curva.
Gente que escondía botellas en los rincones de su casa.
Gente que lloraba en los parques de las afueras de las ciudades.
Gente que se envenenaba con pastillas, con alcohol,
con insomnios aterradores, con veinte horas de cama todos los días.
Lo intentaron, pero no lo consiguieron.
Gente a quien le sobraba tres cuartas partes de su pequeño frigorífico.
Gente que no tenía con quién hablar semanas enteras.
Gente que no comía por no comer sola.
Son hermosos igualmente, te lo juro.
Resplandecerán un día.
Nombremos todo aquello
que nos convirtió en seres humanos.
Para que no haya miedo, ni envidia, ni maldad.
Amo, celebro, y exalto todos los hundimientos
de todos los seres humanos que pisaron este mundo.
Porque el fracaso no existió jamás,
porque no es justo el fracaso y nadie merece fracasar,
absolutamente nadie.