Irreconciliables 2017 · VI Edición

Rafael Argullol

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de más de treinta libros en distintos ámbitos literarios. Entre ellos: poesía (Disturbios del conocimientoDuelo en el Valle de la MuerteEl afilador de cuchillos), novela (LampedusaEl asalto del cieloDesciende, río invisibleLa razón del mal,  Transeuropa,  Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismoEl Héroe y el ÚnicoEl fin del mundo como obra de arteAventura: Una filosofía nómadaManifiesto contra la servidumbreMaldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza). Como escritura transversal más allá de los géneros literarios ha publicado: Cazador de instantesEl puente del fuegoEnciclopedia del crepúsculoBreviario de la auroraVisión desde el fondo del mar.

Sus últimas publicaciones son Tratado erótico-teológico (2016), Mi Gaudí espectral. Una narración (2015) y Pasión del dios que quiso ser hombre (2014). Ha estudiado Filosofía, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona. Estudió también en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley. Ha impartido docencia en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002), y los premios Cálamo (2010) y Ciudad de Barcelona (2010) con Visión desde el fondo del mar.

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http://www.rafaelargullol.com

@RafaelArgullol


18-x-2012

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El alma, queridos mortales, pesa veintiún gramos.
Así lo han dictaminado nuestros científicos
tras un experimento sencillo
aunque, en verdad, algo macabro.
Cualquiera de vosotros puede realizarlo
si dispone de buen ánimo y material adecuado.
Se trata, sólo, de comparar agonizantes con cadáveres.
Pesad a un anciano antes y después de morir:
habrá perdido veintiún gramos.
Pesad a un adulto antes y después de morir:
habrá perdido veintiún gramos.
Pesad a un niño antes y después de morir:
habrá perdido veintiún gramos.
¡Es el peso del alma, queridos mortales!
Nosotros lo sabemos todo;
los pobres viejos poetas nada sabían.
Aquiles, al abrazar a Patroclo,
abrazó a un fantasma de veintiún gramos.
El padre de Hamlet, siempre exigente,
allá en la almena del tétrico castillo,
era un espectro de veintiún gramos.
Virgilio, al saltar a la barca
para acompañar al atribulado Dante,
pesaba, con exactitud, veintiún gramos.
Los pobres viejos poetas nada sabían;
nosotros, queridos mortales, todo, todo.